viernes, 4 de septiembre de 2015

BREVE HISTORIA DE UN SER HUMANO

En el primer año de nacido es la mascota consentida y protegida por todos y por supuesto, la familia. Esto sigue así hasta la edad de 4 años cuando ya comienzan a molestar un poquito pero el cariño sigue igual.

De la edad de 4 años hasta los 10 años todo es una mezcla de cariños y amonestaciones.

Los estudios comienzan desde los 5 años hasta los 16, edad que se gradúa de bachiller.

Durante todo este tiempo todo es disfrutar de la vida y ser mantenido por sus padres.

Desde los 16 hasta los 24 años comienza la segunda etapa de estudios superiores pero la vida sigue siendo una fantasía y un disfrute total lleno de infinitas experiencias. El individuo tiene la sensación que la vida es eterna y como está lleno de energía no tiene ni idea que es la vejez.

Al final de estos estudios quizás tome otros estudios para lograr Maestrías o Doctorados y esto demora  a lo sumo algo así como tres años más con lo cual ya tendrá la edad de 27 o 28 años.

A esta edad ya debe tomar un empleo y ganarse la vida por su cuenta; la familia ya no le ayuda como cuando niño.

Como ley de la vida conoce una pareja que le gusta y se casa o vive de manera independiente, en el supuesto caso que económicamente pueda.

El sistema imperante en el país le dará empleo por ser joven y vivirá de manera más o menos tranquila y quizás holgada hasta los 45 años, edad para la cual el sistema le considerara en el límite  de las ofertas de empleo.

Si es un empleado de la burocracia del estado, el empleo llegara hasta los 50 ó 60 años fecha tope para la cual el sistema le considerara como estorbo e inutilidad como ser humano; en resumidas cuentas, el sistema considera que después de los 60 años es una carga muy grande (actualmente se ha acortado esa edad considerablemente) y no saben qué hacer con él; ni la familia, ni los amigos ni el estado (que se jacta en auto llamarse: estado de bienestar); ninguna empresa le contratara a menos que sea un genio en algo.

La conclusión a esta pequeña historia de un ser humano es la siguiente: la vida útil, provechosa y valiosa para el sistema es de apenas 60 menos 28 = 32 años ó 22 si se retira a los 50 años.

Considerando que actualmente la vida promedio esta cercana a los 80 años, el porcentaje de utilidad de un individuo (ser humano) para el sistema es del orden del: 32x100/80 = 40 % ó 22x100/80 = 27,5 % del total de la vida.

Considero que esta cifra es una aberración del supuesto ser racional llamado “humano”.

Quiere decir que el valor que tenemos en el sistema es de apenas un 27,5 ó de un 40 %, cuando deberíamos valer cercanos al 100 %

En resumen: para el sistema somos un desecho, una carga innecesaria y sin valor después de los 50 ó 60 años para el empleado del estado y de peor manera para la empresa privada.

Todo el pequeño análisis que se ha hecho solo es válido para aquellos países que están desarrollados o están en vías de serlo y no es aplicable igualmente a países que desgraciadamente viven en miseria en los cuales el ser humano es simplemente un despojo de la naturaleza (algunos países de África) y tampoco es aplicable en aquellos países que viven regímenes autoritarios y dictatoriales para los cuales los seres humanos se convierten en mendigos de profesión o criaturas utilitarias para un fin del dictador.

En la actualidad hay varios países que sus políticos solo ven salida a la crisis económica  (y social, por añadidura) mediante la austeridad y recortes de todo tipo (sanidad, educación etc.). Craso error porque una crisis solo se combate con mas productividad e incentivos a las PYMES.

¿Por qué aparentemente cambio de tema?

Por la sencilla razón que esos países con crisis cuentan con millones de personas de la tercera edad que pueden hacer aportes muy valiosos a las crisis económicas, dada la gran experiencia y conocimientos que tienen.

En resumidas cuentas, los países en crisis en lugar de considerar a muchos jubilados como una carga deberían considerarlos como  aliados y como nuevos recursos para resolver los problemas económicos.

La tercera edad tiene un potencial muy valioso pero despreciado por el sistema. Tarde o temprano todos seremos inexorablemente viejos de la tercera o cuarta edad.



domingo, 30 de agosto de 2015

LA MENTE CAMBIA CON EL TIEMPO

La mente cambia con el tiempo y eso hace que la vida sea sorprendente; como se ve el mundo cuando se es muy niño o cuando se es joven y, como se ve a edades bien recorridas, algo así como en la ronda de los 60; la recta final y reflexiva sobre la extinción.

La mente cambia con el tiempo pero hay tendencias de la mente que no cambian nunca y seguiremos creyendo en ellas el resto de la vida, con la misma fuerza que creíamos cuando fuimos niños; son los condicionamientos más fuertes que puede tener un ser humano; y también, los más peligrosos y destructivos. Cuando era niño creía en San Nicolás, ahora que soy adulto creo en Dios y soy capaz de hacer lo que sea por él.

Veo el transcurrir de la vida como escalar una montaña; cuando la vida lleva poca trayectoria recorrida uno está en una honda sima viendo hacia arriba, por remontar; la vida se hace eterna porque uno no piensa que hay un final; al no pensar en el final, el tiempo se extingue, por lo menos para el saldo de vida que queda; es la época de fuertes ilusiones, de metas, de las grandes motivaciones y barreras que vencer; el tiempo se ve suficiente y alargado, a medida que nos hacemos mayores; cuando el trayecto de la vida es avanzado uno se siente que prácticamente ha llegado a la cima y poco o mucho importa como se ha llegado. A estas alturas de la vida la visión cambia radicalmente. No es lo mismo ver de abajo hacia arriba que de arriba hacia abajo; queda poco por escalar y es cuestión de ley de vida; quien no lo entiende así es un iluso y pierde la vida atento a las puntualidades de sus gustos y deseos; muchos lo defenderán y dirán que hizo lo que más le atraía, llenaba y gustaba; en realidad no hay nada cuestionable en ello; la autodeterminación es una forma de libertad relativa; los esclavos dentro de sus predios no se planteaban ni imaginaban otra forma de vida, aunque si la hubiesen probado, quizás hubieran dicho que saborearon el cielo.

Las metas son las causantes de las distorsiones de la vida individual; y me refiero a la visión de metas; a la tendencia de uno de llegar a algo y de “llegar a ser algo y ser alguien”, a costa de lo que sea y de cualquier modo o manera; ahí está la distorsión; dejar de vivir por haber creído vivir de una manera al gusto y medida, no es cuestionable aunque pueda llegar a ser un desperdicio a los ojos ajenos.

Alguien se realiza llegando a ser el mejor escalador de montaña y otro se realiza llegando a ser el mejor escritor. Ambos serán individuos pasajeros en la autopista de la vida y ambos en mayor o menor grado serán olvidados aunque se les rindan honores y aparezcan en los libros. Lo más sorprendente es que en mayor o menor grado no queremos ser olvidados y deseamos lo permanente y eterno.

La mente cambia con el tiempo y ese constante cambio sin ningún punto de referencia ni una traza de permanencia es lo que hace pensar en la impermanencia de uno; por eso la mente pocas veces piensa en ello; ¿es realmente astuta al no pensar en ello?; para algunos es un mecanismo de defensa frente a la pesada vaciedad que es la puerta de entrada a la dimensión de la angustia y la ansiedad. Así como hay que saber masticar para poder digerir bien y no tener pesadez, hay que saber estar atento a la impermanencia, a lo pasajero y a la insignificancia; es la única manera de digerir la vida con satisfacción y sobre todo, dejar los pensamientos descansar y vivir plenamente el presente. Plenamente implica, por ejemplo, saborear un paseo mientras se observan infinitos y maravillosos detalles que nos rodean y no les prestamos atención.

domingo, 26 de julio de 2015

ESTADO AGONICO DE GRAVEDAD MORTAL- POLITICA

Existen alrededor del mundo unos cuantos países que sufren de este mortal  síndrome que poco a poco va destruyendo su población tanto física como moralmente.  Cabe destacar que pueden sufrirlo tanto los países no desarrollados como los desarrollados.

Sus síntomas más resaltantes son: concentración cada vez mayor de los poderes públicos en manos del gobernante con mente depravada, destrucción del estado de derecho, impera la injusticia, inmunidad e impunidad para sus gobernantes en todos los niveles, eliminación progresiva y acelerada del derecho a opinar y discrepar, lucha a muerte contra los medios de comunicación, aumento de los presos políticos juzgados a dedo, violación aberrada de los derechos humanos rechazando toda intervención extranjera para defenderlos, destrucción de la economía productiva causando gran malestar, aumento alarmante de la inflación, escasez de todo tipo (alimentos, medicinas, repuestos, etc), regulación del consumo humano limitado a lo que le de la gana al gobernante, control de cambio que hace multimillonarios a los gobernantes y allegados, corrupción asfixiante, polarización grotesca de las riquezas (unos cuantos se hacen multimillonario a costa del erario público y la gran mayoría en pobreza de todo nivel), las fuerzas del orden publico tienden fuertemente a cometer actos delictivos y ejercer el poder cruelmente a su voluntad, depravación moral progresiva de la población, malestar agravado de la población, síntomas crecientes de indiferencia y anomia, desorganización social, destrucción de las normas sociales elementales, aislamiento del individuo, bloqueo de la capacidad de reaccionar y actuar de gran parte de la población y otros muchos mas síntomas malignos.

El comienzo de este tipo de gobiernos generalmente comienza con la aparición de un  falso líder profeta y estafador que ofrece esperanzas y bienestar a la población hasta que mediante las elecciones llega al poder.

Los países desarrollados también  pueden presentar síntomas de dictadura pero a niveles muy sutiles que el colectivo no llega a percibir pero que poco a poco es explotado y esclavizado por el sistema gobernante.

Realmente no entiendo que en pleno siglo XXI existan estos aberrados sistemas políticos y solo se puede explicar cuando hay individuos con ambición distorsionada e infinita, que roban el poder para lograr sus metas delictivas.

A todo este estado de situaciones es lo que defino como estado agónico de gravedad mortal del sistema.

Mis recomendaciones para no caer bajo las garras de una tiranía: estar alertas permanentemente, prestar mucha atención a los movimientos políticos incipientes, deshacerse de la indiferencia y apatía para actuar , contrarrestar y eliminar los brotes de este tipo de desgobiernos y sobre todo no ser incautos con las hermosas pero engañosas palabras de esperanza de los falsos lideres profetas.

viernes, 17 de julio de 2015

HABLANDO DE TARIFAS



Siempre me hago una pregunta y no logro  que alguien pueda darme una respuesta contundente, lógica y basada en principios de justicia. Me refiero a las tarifas de servicios que dependen de los precios del petróleo. Y son muchos los servicios que están en función del petróleo y sus precios.

La energía eléctrica, mayormente, se produce con generadores que utilizan petróleo. De unos meses hacia el presente, los precios del petróleo han bajado pero las tarifas eléctricas se mantienen o han subido las tarifas.
En Europa y otras regiones del planeta hay una época del año de mucho frio y otra de mucho calor. Este es el caso, por ejemplo, de España e Italia. Esta última está sufriendo en estos días la llegada de una ola de calor muy fuerte llamada Bola Africana, que produce temperaturas hasta de 40 grados centígrados; esta temperatura es insoportable para humanos , sin embargo, la gente no se puede dar el gusto de encender los aires acondicionados debido a los costos tan elevados de energía eléctrica. El termino y definición de progreso es en la practica, una utopía engañosa.

Como de costumbre, el Estado siempre está apoyando descaradamente a las transnacionales y le importa un pepino  el bienestar de la gente. Para colmo, estas compañías suben tarifas por su propia voluntad y decisión sin consultas y sin que intervenga un organismo regulador de Estado que ponga orden. La bajada de los precios del petróleo ha sido radical y todo sigue igual
Claro está, cuando se acercan los tiempos de elecciones le ofrecen villas y castillos a los electores, tanto los partidos políticos tradicionales como los políticos oportunistas y populistas de ultima hora.

domingo, 28 de junio de 2015

MAS VALE MALO CONOCIDO QUE BUENO POR CONOCER

Este refrán es una verdad universal comprobada por muchos sucesos reales.

En España, por ejemplo, existen de varias décadas hasta el presente dos partidos políticos que son básicamente lo mismo pero maquillados con diferentes estilos.

En estos últimos años  han gobernado cada vez peor:  despilfarro del dinero del Estado, malas inversiones de fondos públicos que han representado grandes pérdidas y endeudamientos groseros, corrupción galopante e inocultable a todos los niveles de la burocracia. Lo que es peor y más peligroso: los políticos de alguna manera se han convertido en socios ocultos de los grupos poderosos, incluyendo la banca.

En un tiempo no muy lejano presumían de la existencia de un estado de BIENESTAR, PROGRESO Y DESARROLLO, sin embargo, la situación actual es de franco malestar. La gran mayoría de la gente cada vez vive con más precariedad y cada vez hay un grupo pequeño con grandes fortunas.

Personalmente pienso que la situación puede ser perfeccionable o por lo menos mejorarse radicalmente. Se están aplicando políticas económicas totalmente equivocadas o inadecuadas y no se hace lo que realmente debería hacerse. Las consecuencias son un malestar creciente en el país.

La gente quiere cambios que no llegan y comienza la frustración y desencanto. Este es un medio de cultivo ideal para que aparezcan “falsos profetas” que ofrecen villas y castillos para esperanzar a las multitudes; estos, por ignorancia, desespero o ira incontenible optan por desechar a los gobernantes actuales y elegir a uno nuevo que presume de mesías y solucionador de todos los problemas. Esta situación puede llegar a ser muy peligrosa y hasta trágica.

Estamos ante un fenómeno común en sociedades de masas, potenciados por la difusión de los medios de comunicación social: insatisfacciones de origen diverso se van acumulando silenciosamente hasta que un hecho determinado, simbólico, dispara la protesta social. Entonces, pumm!! Viene un caos, desorden, malestar, protestas, gente indignada e infinitas situaciones humanas más. Este artículo está enfocado hacia España pero es totalmente valido para cualquier otro país.

Esto ya ha ocurrido en varios países del mundo desde hace mucho tiempo y la han pagado con mucha sangre, sudor y lágrimas. Un país suramericano es un caso muy triste que refuerza el refrán antes citado.

Lo ideal y recomendable (como única solución) es resolver como sea posible la situación existente y no caer en tentaciones que serán mortalmente lamentables.

¿Cuál debe ser la actitud y posición adecuada?: corregir y mejorar todo aquello que no funciona, incluyendo: excretar a los políticos existentes causantes de tanto caos. Por cierto, los políticos son elegidos y decididos en esa fábrica llamada partidos políticos; los ciudadanos no tienen derecho a tomar esas decisiones.

Los seres humanos tenemos propensión a ser maniqueistas: veamos un ejemplo: tenemos, un sistema democrático, de libre mercado, de respeto (más o menos) a la propiedad privada, separación de poderes (más o menos), estado de derecho imparcial y no discrecional (más o menos), poca interferencia de los políticos en los distintos poderes (bastante deficiente, funciones de Hacienda consideradas muy vigilantes (muy deficiente dada sus parcialidades hacia los distintos grupos sociales), contamos con un sistema sanitario (ahora es prácticamente nulo), nos habían clasificado como país con bienestar social (paso a la historia) y así sucesivamente.

La gente se molesta, desencanta y protesta porque ha perdido muchos beneficios que disfrutaba en el pasado. ¿Cuál es el peligro de todos estos cambios hacia lo negativo?: que el colectivo social opte por tomar sistemas políticos opuestos totalmente tales como socialismos radicales y comunismo de los cuales solo se benefician y disfrutan todos aquellos que están en el poder. Ese es el peligro de la propensión maniqueista de los seres humanos.
Lo ideal es perfeccionar y depurar el sistema que tenemos.

Considero que el tema bancario es fundamental porque fue la chispa que origino esta candente barbarie de desorden. Algunos me criticaran de recurrente en el tema bancario y político pero es necio tocar un tema sin abordar las verdaderas  causas que originan malestar y perdida del estado de bienestar que se había logrado; es muy triste que España tenga que bajar la cabeza y seguir las ordenes y lineamientos de otros países que si han sido ordenados en el manejo del dinero público.

Más aun, a  los conductores del País (políticos), para nada les preocupo ni tomaron en cuenta dos factores de primerísima importancia en un País: que sus políticas sean sustentables y sostenibles; en este aspecto, otros países cercanos al nuestro si lo tomaron en cuenta y están cobrando sus beneficios en esta época de crisis mundial.

Cuando comenzó la crisis, los políticos de turno se avocaron a rescatar a los bancos sin análisis previos, concienzudos y consultados de manera democrática.; se lanzaron sin pensarlo ni dudarlo; ¿curioso, verdad?.

Los bancos solo deben ser rescatados cuando se compruebe (el asunto es: ¿quién es el que va a comprobar, si todos están comprometidos?) que han dado créditos de manera correcta y ética y se producen impagos. Sin embargo, un banco no debe ser rescatado cuando los banqueros dan créditos indebidos y utilizan el dinero de los ahorristas para hacer malabarismos financieros.

Los políticos están totalmente involucrados en el mundo bancario y, el caso más patético es el de las cajas de ahorro. Los partidos políticos están estrechamente (mediante los consejeros, nombrados a dedo por los políticos) relacionados a los banqueros caja ahorristas.

El asunto grave está en el hecho que los partidos políticos en España se “auto regulan” y por tanto, no se autocritican y mejoran éticamente, al contrario de otros países en los cuales los partidos políticos son regulados y vigilados por entes externos al partido (por ejemplo, Alemania).

El problema bancario español se generó porque los bancos crearon o utilizaron infinidad de sociedades y compañías para desviar el dinero que provenía de las colocaciones del Estado (nominas, pagos sanitarios, dinero de Hacienda y pare usted de contar).y sobre todo, del dinero de todos nosotros los incautos que depositamos nuestro dinero en las fauces de los dragones financieros.

Resumiendo: más vale malo conocido que podamos mejorar que “bueno” por conocer y que probablemente tengamos que lamentar.



domingo, 7 de junio de 2015

EL ACTA DE SUPREMACIA





El Acta de Supremacía
por Víctor Maldonado C.
(Comentario: esto puede pasar en cualquier país)

Venezuela está escaldada de listas y del mal uso que de ellas ha hecho el gobierno. Baste recordar los efectos perversos de la que propuso el diputado Luis Tascon en el 2003, que luego se transformó en la lista Maisanta, base de datos que llegó a ser un best-seller del comercio informal. Las consecuencias duran hasta hoy para los que allí aparecen, venezolanos convertidos en parias dentro de su propio país, sin oportunidad de obtener un empleo en el sector público y en aquellas empresas privadas contratistas del Estado. Esa lista es el cedazo que ha filtrado en los últimos doce años la lealtad al proceso. Ha funcionado como la frontera entre los traidores y los que nunca han osado ir contra la línea revolucionaria, dividiendo a los venezolanos entre “puros rojos-rojitos” y los que andan por allí manchados por algún pecado de traición.

Pero en eso tampoco hemos sido los primeros. El poder perverso se alimenta de acatamiento perruno. Los poderosos no soportan que les lleven la contraria o que haya algún espacio de autonomía que les reste esa cobertura total a la que aspiran los enfoques totalitarios. Es muy propia del despotismo esa advertencia crucial de que “si no estás conmigo –llámese el proceso, la revolución,  el socialismo, el comunismo- estas definitiva e inexorablemente contra mí. Sólo que yo tengo más poder –se vanagloria del déspota- y por lo tanto el que estés en mi contra te puede resultar tan pesado como cargar cuesta arriba una piedra de molino atada al cuello. O estás a mi favor, y compras como buenos mis argumentos y mis ganas, o la lanza dura y filosa de mi venganza te alcanzará para callar tus dudas por las malas ya que no quisiste plegarte por las buenas. Enrique VIII, en la lejana Inglaterra del siglo XVI tuvo esa misma tentación, y como siempre, la sangre de la disidencia fue derramada sin ninguna otra justificación que no aceptar de nadie alguna contradicción con la voluntad del soberano.

“Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor”.  Con papel de desecho el autor escribió una carta que concluye con esta frase. Estaba dirigida a su hija más querida, que como muchas otras mujeres después y antes, tuvo que ser espectadora obligada de la tragedia que siempre acompaña a la disidencia.  Tomas Moro, el más destacado intelectual del reino, humanista y político, juez y leal cristiano, pasaba por los momentos más difíciles de su vida. Era un preso político. El más importante reo de conciencia, y se sabía muerto. Había sido despojado de sus libros y de la posibilidad de escribir. El maltrato se había incrementado para afectar los detalles. Antes habían sido confiscadas sus tierras y posesiones. Ahora solo le quedaba uno que otro trozo de carbón que guardaba celosamente para que su hija supiera que él seguía con serenidad el curso de los acontecimientos.

El que había sido por tres años Lord Canciller del reino de Enrique VIII había preferido terminar en la Torre de Londres y morir ejecutado antes que traicionar sus convicciones. Había renunciado al cargo y a todos sus privilegios al saber que el Parlamento había aprobado el Acta de Supremacía por la que se declaraba al rey “la suprema y única cabeza en la tierra de la iglesia de Inglaterra”. Ese era el camino más tortuoso que habían encontrado los asesores del monarca para evadir todo el trauma de una anulación matrimonial que le sería negada a un rey que poco antes gritaba ser el defensor de la fe cristiana. Sabía que todo lo demás era infatuación y pase de factura de una época en donde la política contendía con la religión los espacios de poder terrenal. Pero aun con todo lo previsible que podía ser su inmolación, mantenía firme la certeza de que él no iba a subordinar sus convicciones a los caprichos de un monarca enamorado. Esa es una de las características de todos los libretos del despotismo universal: siempre hay razones reales, las más viles y obscenas detrás de todas esas alegaciones leguleyas. En el fondo todo lo que se debate es pasión,  deseo y miedo que se confabulan contra la razón y los alcances efímeros de la sensatez.

El dilema se planteaba entre jurar el respaldo a la nueva condición absoluta –más totalitaria que nunca- del Leviathan, o caer en los supuestos de una ley complementaria, el Acta de Traición, que condenaba a muerte a todos aquellos que negaban el apoyo. De nuevo el “o crees o mueres” que se presenta como una daga alevosa y traicionera contra la autonomía y la dignidad de las personas.  Sin embargo no dudó. Moro dimitió porque estaba en desacuerdo con la idea del Rey que quería subordinar la vida eclesiástica a los intereses del Estado. Pero sobre todo porque sabía que toda esa movida encubría la peor debilidad posible: el cuerpo de una mujer deseada que exigía su pago. Las ganas más elementales frente a las cuales el rey de los ingleses subordinaba el bien común de sus súbditos y su relación con Dios. No era teología, solo sexo demandante y enceguecedor. Y el resultado iba a ser el desbalance del país. Demasiado poder concentrado en una instancia caprichosa y arbitraria y demasiado evidente que por la misma razón se perdían muchos  grados de libertad. Poco antes Enrique VIII se había apropiado las rentas eclesiásticas, logrado que el clero renunciase a su poder legislativo, y suprimido, por ley, el recurso de apelación a Roma que, jurídicamente, era un límite último del poder real cuya tendencia era a crecer. La directriz era hacia el monopolio y la concentración de la hegemonía en la misma medida que se negaban otros espacios.

Renunciar a trabajar para el rey y evitar por todos los medios la apostasía que suponía aceptar los términos del Acta de Supremacía lo colocaron en una condición de crítica indefensión. El Duque de Norfolk, uno de esos “amigos” que se bambolean,  le advirtió que “la indignación del príncipe podía resultarle mortal”. Él estaba al tanto, pero también sabía que no valía la pena poner en el altar del capricho sus principios y valores. Una vez que el soberano haya probado el elixir del poder absoluto nadie estará seguro. Simplemente habrá que esperar el momento que corresponda caer a cada uno. Por eso respondió escuetamente a las buenas intenciones del amigo: “Si eso es todo, mi lord, entonces de buena fe, entre su gracia y yo, hay sólo una diferencia, que yo moriré hoy, y usted mañana”.

Y esa fue su decisión. Morir perdido en un laberinto irresoluble, vivir la indefensión del inocente al que se le inventan delitos y testimonios; morir con integridad, sin haber vendido lo que le dictaba su conciencia como bueno y verdadero, pese a ser lo opuesto de lo que, con opresora violencia, se había querido imponer desde el Estado como materia de juramento.  El 6 de julio de 1535, antes de las nueve en punto, el que fue Lord Canciller de Enrique VIII moría decapitado en Tower Hill.

Juan Pablo II lo declaró Patrono de gobernantes y políticos. Una decisión controversial porque él fue asesinado por un Rey. Y tal vez por eso mismo, porque es una advertencia de hasta donde se puede llegar en el camino a la locura, pero también cuales deben ser las virtudes de todos aquellos que se resisten al manejo arbitrario y caprichoso del poder, a su envilecimiento, al caer en la tentación de la mirada artera y asesina que se siente capaz del exterminio de cualquiera que se resiste a transitar las trochas de la veleidad y del desvarío. Enrique VIII es solo una de las mascaradas de la misma cara que detrás se encubre.

Estamos condenados a repetirnos. La desmesura del poder se expresa en un torbellino de variaciones de la misma tónica. Todos confunden sus ambiciones y miedos con el sentir nacional. Todos se sienten igualmente investidos con la misma pretensión de ser la esencia de la historia y por lo tanto merecedores de respaldos y solidaridades automáticas que, en caso de negárselas, transforman al objetor en reo de alta traición. Lo patético es la degradación de la actualidad. Lo verdaderamente insólito es tener que soportar las mismas exigencias de quienes no pueden demostrar haber acumulado algún mérito como para invocar el beneficio de la duda. La desgracia es trastocar la culpa de un septeto en la suerte de un país. Y obligar al país entero a trajinar un sainete insensato de eufemismos y propagandas que no tienen basamento alguno. El signo trágico es que estos de ahora allanaron la historia sin antecedentes justificatorios. Ni siquiera pueden invocar el viejo y anacrónico derecho divino para hacer lo que les viene en gana. Pero igual vienen a exigir lealtad y obediencia debida sin que se pueda avizorar alternativa. O firmas, o quién sabe cuáles serán las consecuencias de la traición.

Dicen que hay algunos que han bajado la cerviz. El cargo se les ha montado por sobre las conciencias y dado de baja los principios. Otros son su propio Leviathan y no pueden con la mezquindad, la envidia y el resentimiento que les provoca el que otros sean más libres. Otros simplemente se encontraron con su propio destino al saltar hacia el basurero de la historia en una sola imagen. Pero hay otros que no. Leopoldo está preso. Ledezma está preso. Ceballos está preso. Rodolfo prefirió volar lejos antes que sufrir una derrota más. Y sería muy largo nombrar hasta el último héroe anónimo que se resiste. Hay muchos que emulan con heroísmo la vieja lección del santo inglés.

Tomas Moro vivió su historia y pasó la prueba. “Hasta ahora –escribió a su hija-  la gracia de Dios me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes de prestar juramento en contra de mi conciencia”. Vivió una época donde solo tenían sentido los héroes y los que se inmolaban en el altar de su propia integridad. Dicen que Enrique, su verdugo, lloró amargamente su muerte. Tarde piaste, diríamos ahora. El patrono de los políticos y gobernantes fue proclamado santo y mártir en 1935.
NOTA:
Publicado en RUNRUNES de Nelson Bocaranda  el 20/03/2015
Tambien Publicado en el “Correo del Caroni”, el 7 de Junio 2015
victormaldonadoc@gmail.com
 @vjmc

miércoles, 5 de noviembre de 2014

JUEGOS DE NÑOS Y ADULTOS


Los seres humanos desde muy temprana edad dedican la mayor parte de su tiempo a la actividad jugar.

Cuando están en la playa juegan con la arena y unos hacen castillos, otros hacen rostros y muchas cosas más. Otros niños que vean lo que hace su prójimo, tratan de hacer lo mismo pero mejorado, mas grande, mas llamativo y asi el potencial innato del espíritu de competencia del ser humano comienza a desarrollarse; tal cual una semilla que germina y va evolucionando.

Evidentemente esto no lo hacen todos los niños que están en ese momento en la playa; otros se quedan tranquilos sin hacer nada y otros sabrá que cuernos hacen.

En el colegio sucede igual en muchas aéreas de actividad; en los distintos deportes, en destacarse como estudiante, en ser el más simpático y hasta ser el mas dominante del grupo; unos le acompañaran y apoyaran y otros serán indiferentes con él. Por cierto, en todos los niveles de la educación, desde el kínder hasta la universidad, se motiva a los estudiantes a través de la competencia.

Los individuos van creciendo y pasan de ser niños a adolescentes, pero el espíritu de competencia sigue y con más fuerza. Competencia en deportes, en conquistar chicas, en ser el líder simpático y muchos aspectos más.

Los niños tiene juguetes tales como cochecitos, avioncitos, botes, casitas y otras cositas mas. Cuando ese niño es adulto y tiene posibilidades economicas (aunque sea en simple deseo), tendra coches de carrera (Ferrari), aviones jet (Falcon), megayates,y mansiones. La esencia del poseer sigue para ser vanidoso y crear envidia a los demas.




El juego del poder y la competencia comienzan a desarrollarse e influir de manera radical en los seres humanos

Pasa a la próxima etapa de la vida que es estudiar y graduarse en algo y seguir hacia el  post grado o no.

Una vez que se alcanza la edad del comienzo de la madurez humana, que puede ser desde los 25 años, Comienza ahora la batalla fuerte que es conseguir empleo o hacer negocios, compitiendo con otros tan buenos o mejores que el.

En esta edad entra en juego el factor más importante, decisivo y de mayor preocupación en la vida de los seres humanos y es: el dinero; que en muchos casos llega a ser siniestro.

Los juegos de niños se evaporaron pero la esencia de la competencia y lucha cuando se es adulto sigue: yo debo ser el mejor, yo debo ganar a los demás, yo debo triunfar y ser alabado como el mejor, yo he decidido como meta en mi vida esforzarme para llegar a la cúspide hasta que me muera; por supuesto que hay muchos casos aberrados: yo quiero dominar a todos y que estén bajo mi mando sin importarme si utilizo represión y violencia (este es el caso de los crueles dictadores). Estos execrables homínidos  de la sociedad hacen muy infeliz a todo el mundo durante mucho tiempo

El EGO es tan difícil de entender que, por ejemplo, un multimillonario banquero puede dedicar su vida entera hasta morir produciendo más y más dinero dejando abandonados aspectos muy importantes de su vida. Lo mismo ocurre generalmente con grandes empresarios de transnacionales. Muchos políticos llegan a la aberración de destruir su vida con tal de tener poder. Todos ellos tienen un lema: cada día quiero más dinero y poder que el día anterior y para ello sacrifico mi vida; vivo para el trabajo, quiero triunfar y solo lo puedo lograr con una ambición infinita. Si hoy tengo 20.000 millones, para mañana debo tener 30.000 millones y así hasta la muerte. El ser humano es la única criatura que tiene propensión infinita a la ambición de tener más y más y, es insaciable. Un león después de comer no se le ocurre seguir matando para devorar a otra presa.

A ese tipo de individuos nunca les paso por la mente que pueden trabajar y esforzarse razonablemente para vivir tranquila y felizmente sin el tormento de la lucha cruel y agotadora.

Infinidad de seres humanos se esforzaron por ser los mejores ambiciosos del mundo y lo lograron pero la entropía biológica de la vida es implacable: todo tiende a deteriorarse, a enfermarse y finalmente desaparecer (incluyendo las ilusiones y esperanzas) como ser viviente para pasar a ser polvo. Lo que habían ganado se esfumo con la muerte.

Muchos banqueros, políticos y gobernantes siguieron el camino de la fama, el dinero y el poder pero la vida se les fue de las manos: nunca disfrutaron la vida verdadera.

Por otra parte, hay millones de seres humanos que trabajan hasta el mayor de los cansancios para tan siquiera comer una vez cada dos días, sin agua y sin vivienda. El drama patético que están viviendo muchos seres humanos, en especial África, es francamente tétrico. 

Millones de personas del llamado primer mundo deben trabajar incansablemente como hormigas para lograr el límite de la vida: pagar la hipoteca a las hienas de los banqueros, pagar los servicios públicos tales como electricidad, gas, telefonía, internet y alimentos. Por cierto, las compañías energéticas aunque baje el precio del petróleo, cobran las mismas tarifas bajo la aprobación inmediata e inconsulta de los gobernantes ( los grandes socios de los millonarios).

La gente poco a poco se va cansando del abuso de los políticos gobernantes y un buen día aparece un hada esperanzadora, demagógica y populista que llega al poder y la situación que era calamitosa se transforma en la peor de las penurias, tragedia y miseria en un medio de gran pobreza y represión.

Sin embargo en este mundo hay de todo: individuos que dedican toda su vida para mejorar su sociedad y aumentar el bienestar, aun sacrificando la suya (Mandela, Gandhi y muchos otros).

Conclusión y reflexión: los seres humanos tienen la esencia y propensión a la competencia, luchar y ganar y la vida se evapora en ese transcurrir tan absurdo. Todo comienza desde tempranas edades. Los pequeños juegos de niños se transforman en peligrosos y hasta mortales y depravados “juegos de adultos”.

Lo autentico y veraz es trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Aunque trabajar para vivir tranquilamente, se ha vuelto muy difícil.

Los tiempos cambian y la entropía social aumenta cada vez más (tendencia al caos, desorden y malestar social).
La entropía abarca todos los aspectos de la existencia material: seres humanos, naturaleza, sociedades, y hasta el mismo mundo cósmico que desaparecerá en más o menos: 70 mil millones de años.


Paradójicamente el ser humano es la única criatura capaz de retrasar el proceso entrópico en ciertos aspectos pero en lo relativo a la naturaleza, no ha hecho nada.