Las teorías socioeconómicas, sean de la tendencia que sea, para explicar la sociedad o las políticas del estado, parten siempre de idealizaciones.
Se ha conceptualizado el estado al extremo de convertirlo en un saco de ideas sin tomar en cuenta su cristalización a la realidad, lo cual hasta ahora ha producido distorsiones y hasta aberraciones en el desempeño y funcionamiento del mismo. Expresado de otra forma, se ha intentado modelar al estado para que llegue a ser lo que uno desea, como si fuese una masilla moldeable. Todo es cuestión de tiempo y la degeneración de los estados es inexorable. Las pasiones acompañan muchas veces a las idealizaciones.
Unos estados tarden mas y otros menos pero el proceso de descomposición es inevitable. Esta ocurrencia se produce por ciclos.
En los hechos, en la realidad, en el acontecer de lo físico de la vida, ¿Qué es el estado?; el estado no es más que una actividad llevada a cabo por seres humanos.
Esto significa que si alguien plantea una propuesta de teoría social o socioeconómica para ser aplicada al funcionamiento de la sociedad, entonces, esa teoría deberá forzosamente moldear a los seres humanos que integran al estado para acoplarlos a dicha teoría. Siempre se ha creído que las leyes son los instrumentos para moldear la parte humana del estado a la teoría social, pero el registro histórico demuestra invariablemente que no es así; de ahí que el proceso degenerativo sea inevitable y cualquier teoría socioeconómica termina en la práctica por degenerar. Defino aquí por degeneración (el termino no implica tendencia a lo malo) el alejamiento del estado respecto sus lineamientos primigenios; este solo hecho modela al estado como un ente psicológico muy complejo y dinámico en el tiempo, por mas esfuerzos que se hagan mediante las leyes para hacerlo un ente permanente; dicho de otra forma, el estado siempre tiende a desviarse de sus directrices originarias. En gran parte es debido a la naturaleza contradictoria y egoísta de cada ser humano y por otra, al hecho de que los estados no están aislados en este mundo globalizado sino que son entes que se ínter relacionan unos con otros dando lugar a su variabilidad en el tiempo. El estado no es una cosa sino la interrelación, movimiento y actividad de individuos.
La esencia humana se descuida en todas las propuestas sociales; el ser humano es fundamentalmente egoísta y el egoísmo hay que entenderlo como la cualidad de estar separado y diferenciado de todo; su origen esta en el pensamiento; el término “de todo” implica entorno, otros individuos e inclusive fragmentación de uno mismo (yo y mis ideas, yo y mi cuerpo, yo y mis sufrimientos).
El planteamiento que se esta haciendo no es nihilista; mas bien es un enfoque que sugiere la sinceracion y comprensión por parte de las diversas tendencias que coexisten en la sociedad; tanto de los que creen en la estatización como de aquellos que creen en la libertad del individuo (socialistas y capitalistas, para simplificar). La sinceracion implica en todo caso, la actitud de comprender que dichas teorías no van a funcionar de la misma manera que la idealización conceptual que ellas propugnan; dicho de otra manera: los resultados en la práctica serán muy distintos que lo que propone la teoría.
Patéticos ejemplos sobran tanto en la historia como en el presente.
Esta actitud de sincerización quizás corrija los errores y las prácticas que distancian la realidad con la teoría.
El gran problema ocurre cuando se cree ciega y fanáticamente en una teoría, sin tomar en cuenta que es una idealización y no una realidad. Las idealizaciones solo viven y se sustentan en el futuro que nunca llega.
El estado, por ejemplo, tiene un ingrediente humano indefinible en su comportamiento, un ingrediente que no es inerte y que es impredecible. Las teorías sociales no son tan sencillas como las teorías en física o en química.
Cuando se involucra al concepto de Estado en alguna teoría, siempre ha habido una tendencia a manipular dicho concepto como algo estático, moldeable, adaptable desde el punto de vista teórico. Es algo así como idealizar al estado como una maquina predecible.
Los individuos que trabajan para el estado, poco a poco van formándose una conciencia particular de clase social y son ellos los que van cambiando y moldeando las situaciones a su conveniencia y, por tanto, desviándose de la teoría social económica, que supuestamente respaldan. Las ideas siguientes lo resumen todo: populismo, capitalismo de estado, demagogia, lobismo y otras más.
Esto no es ni bueno ni malo pero, no es lo deseable; simplemente es la naturaleza humana, que muy poco se toma en cuenta cuando se proponen planteamientos.
La naturaleza humana incluye una atracción muy fuerte por el placer, por las posesiones, por el poder, por el reconocimiento y un rechazo por todo aquello que no es utilitario y rentable. Estas “debilidades humanas” son las que hacen desviar la teoría de la práctica y son, precisamente las que no se toman en cuenta (o se les resta importancia) a la hora de hacer planteamientos sobre la función del estado y consideraciones sobre teorías socio económico.
Es innegable que muchos estados capitalistas inclinan sus energías, aplicación (soterrada) de la ley y recursos e influencias a favor de los poderosos grupos económicos; también es innegable en algunos casos y con referencia a los estados comunistas y socialistas, la perversión, corrupción, abuso de poder y aprovechamiento de los recursos del estado por parte de los funcionarios del estado los cuales muy contrario a las ideas que propugnan, disfrutan de los placeres que producen dichos recursos.
Filosofía desde un espacio mental vacío: sin contenido alguno de condicionamientos (de ningún tipo); ni religiosos, ni nacionalistas, ni políticos, ni doctrinarios, ni ideológicos, ni de ninguna corriente filosófica. Una visión a la capa más profunda del ser humano: el ego, el miedo y el placer y, sus consecuencias y proyecciones en el desenvolvimiento de las personas y la sociedad. Nuestras idealizaciones nos separan brutalmente de la realidad.
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viernes, 13 de febrero de 2009
sábado, 13 de diciembre de 2008
Dichosa tú
Dichosa tu, hermosa vaca moteada porque no eres como aquel que no es sino sus recuerdos y vivencias del pasado; y de la personalidad que presume y está orgulloso; eres fantástica porque no tienes los recuerdos esclavizantes que llevan esos infelices y yo, bamboleados como la marea lleva los troncos flotantes; dichosa tu porque no eres presa del lúgubre tiempo; te admiro mucho calmada y parsimoniosa vaca y me sorprendes porque no eres como todos nosotros que estamos hechos de recuerdos agradables y desagradables, de recuerdos de la gente que quisimos y nos quisieron y también de aquellos que odiamos y nos odiaron; casi todos te menosprecian, excepto por el regalo que nos das; cuando te veo pastando por ahí, resplandeces de paz y tranquilidad y en ese momento se que en ti no existen los momentos felices y tristes de tu niñez y adolescencia, que en mi son solo recuerdos convertidos en cenizas hirientes.
En mi y en todos nosotros, esos recuerdos son solo un leve aroma nostálgico de nuestro pasado; si, eso somos todos, un amasijo de recuerdos; tú no, dichosa vaca moteada; y me pregunto muchas veces: ¿Cómo podría ser como tú, sin ser como tú?, tener lo maravilloso de ti y lo fantástico de mi.
Por de pronto, hermosa y dulce vaca, me has enseñado que no eres un individuo y eso es verdadera sabiduría; por eso andas por ahí, pastando plácidamente sin envidiar a tus compañeras ni siendo vanidosa con ellas; no te comparas con ninguna de tus compañeras y por eso no eres un individuo; no eres un individuo como yo porque no te aterroriza la inexistencia; eres dichosa porque no sabes lo que es adular ni ser adulada y esa es una de las cualidades que más admiro de ti, que no eres como yo: un individuo, con pretensiones de ser y llegar a ser; y en eso se me está escurriendo la vida del espejismo del tiempo.
Mi conciencia no es como la tuya pero veo que tú saboreas la nada sin saberlo y yo sufro sabiendo que no soy nada. Tú eres dichosa porque no pretendes ser nada ni deseas llegar a ser nada; tu posees ese secreto pero no lo sabes; por eso, eres inocente; para ti, la comparación no existe y esa es la preciosa joya que llevas sobre tu existencia; si supieras lo que hace sufrir la pérfida comparación!; si supieras el daño que nos ha causado a nosotros y a vosotras, criaturas animales; pobre Gaia.
Si, esa comparación es la culpable de que viva para trabajar hasta la extenuación para tener y distinguirme de los demás; tu y tus amigas trabajan mucho para alimentarse pero como no sois individuos no sufrís el terrible agobio del esfuerzo; para ti el pasto es el pasto y el alimento es el alimento; para mí, es mi alimento, mío, es mío, y mis lujos gastronómicos y, no quiero que me quiten la comida que me sobra en exceso.
Aunque se que no podrás ayudarme, no sabes cuánto me gustaría saber tu opinión sobre aquellos individuos que viven en la abundancia y trabajan compulsivamente; que contrasentido; ellos no saben cómo tu sobre la vida.
La gran diferencia entre tu mundo y el mío es que en el tuyo no hay ambiciones y en el mío, si; en el tuyo no hay individuos y en el mío si los hay y además, en mi mundo hay mucha violencia porque yo soy violento y luchador; soy competidor; lo siento, que le voy a ser; vosotras vivís y convivís pastando sin la lucha de querer tener más que las demás; en mi mundo lucho y compito para dejar sin nada a los demás; lo quiero todo para mi, aunque no lo consiga. ¿Te imaginas que en mi mundo viviésemos como en el tuyo?, compartiendo armónicamente, sería fantástico pero es una utopía; nosotros somos individuos y tu, dichosas vaca moteada, no.
En mi y en todos nosotros, esos recuerdos son solo un leve aroma nostálgico de nuestro pasado; si, eso somos todos, un amasijo de recuerdos; tú no, dichosa vaca moteada; y me pregunto muchas veces: ¿Cómo podría ser como tú, sin ser como tú?, tener lo maravilloso de ti y lo fantástico de mi.
Por de pronto, hermosa y dulce vaca, me has enseñado que no eres un individuo y eso es verdadera sabiduría; por eso andas por ahí, pastando plácidamente sin envidiar a tus compañeras ni siendo vanidosa con ellas; no te comparas con ninguna de tus compañeras y por eso no eres un individuo; no eres un individuo como yo porque no te aterroriza la inexistencia; eres dichosa porque no sabes lo que es adular ni ser adulada y esa es una de las cualidades que más admiro de ti, que no eres como yo: un individuo, con pretensiones de ser y llegar a ser; y en eso se me está escurriendo la vida del espejismo del tiempo.
Mi conciencia no es como la tuya pero veo que tú saboreas la nada sin saberlo y yo sufro sabiendo que no soy nada. Tú eres dichosa porque no pretendes ser nada ni deseas llegar a ser nada; tu posees ese secreto pero no lo sabes; por eso, eres inocente; para ti, la comparación no existe y esa es la preciosa joya que llevas sobre tu existencia; si supieras lo que hace sufrir la pérfida comparación!; si supieras el daño que nos ha causado a nosotros y a vosotras, criaturas animales; pobre Gaia.
Si, esa comparación es la culpable de que viva para trabajar hasta la extenuación para tener y distinguirme de los demás; tu y tus amigas trabajan mucho para alimentarse pero como no sois individuos no sufrís el terrible agobio del esfuerzo; para ti el pasto es el pasto y el alimento es el alimento; para mí, es mi alimento, mío, es mío, y mis lujos gastronómicos y, no quiero que me quiten la comida que me sobra en exceso.
Aunque se que no podrás ayudarme, no sabes cuánto me gustaría saber tu opinión sobre aquellos individuos que viven en la abundancia y trabajan compulsivamente; que contrasentido; ellos no saben cómo tu sobre la vida.
La gran diferencia entre tu mundo y el mío es que en el tuyo no hay ambiciones y en el mío, si; en el tuyo no hay individuos y en el mío si los hay y además, en mi mundo hay mucha violencia porque yo soy violento y luchador; soy competidor; lo siento, que le voy a ser; vosotras vivís y convivís pastando sin la lucha de querer tener más que las demás; en mi mundo lucho y compito para dejar sin nada a los demás; lo quiero todo para mi, aunque no lo consiga. ¿Te imaginas que en mi mundo viviésemos como en el tuyo?, compartiendo armónicamente, sería fantástico pero es una utopía; nosotros somos individuos y tu, dichosas vaca moteada, no.
viernes, 5 de diciembre de 2008
Cosas simples
El es pequeño, tierno e inocente, de movimientos lentos pero bien coordinados; se me acerca como frecuentemente lo hace, con la mirada desviada y misteriosa y me pregunta algo que me turba en un instante. El juega, corre, grita y hace lo que casi todos los niños hacen.
Después del juego se me acerca como para cambiar la rutina y descansar y, me ve sentado, tranquilo y casi en babia; supongo que en ese momento le pasa por su mente los gustos que él tiene y los que yo tengo; en fin, funciona lo humano, la comparación, la lógica menuda y las preguntas infantiles, que muchas veces son mas abismales que las adultas.
¿Qué es lo que mas te gusta hacer?, -pregunta él y con eso explota su curiosidad; después de un instante de tener la mente en blanco me vino algo espontáneo, quiero decir, no calculado y comencé a responderle, aunque en parte y no del todo. Me gusta ver los árboles, las flores, los ríos, los paisajes, la gente cuando camina, los niños jugando y los pájaros cuando van de un lado a otro y últimamente, también me gusta ver lo que hacen los perros en la calle. La expresión de su cara con mi respuesta, no se si fue de desconcierto, de asombro o de frustración.
¿Qué mas podía decirle en un instante pequeño de tiempo?; quizás pude haberle dicho cosas mas interesantes pero no me arrepiento de no haberle contado lo que realmente pensaba y me gustaba. Nunca olvide aquel momento.
El tiempo fue pasando y un buen día, como encantado, se repitieron de nuevo todas aquellas instancias, como por duplicado, pero con los protagonistas cambiados en edad; yo estaba madurado en algunas arrugas y él ya era un joven adulto o un adulto joven.
La inteligencia y la razón habían dejado atrás la estela de la candidez infantil y como por acción de magia, de nuevo me pregunto: ¿Qué es lo que mas te gusta hacer?; como aquella vez, se me nublo la mente por un instante y le respondí sin meditar nada: desde hace un buen tiempo y hasta ahora me apasiona y me gusta recrearme con un extravagante y estrambótico gusto;
-¿Extravagante?, dijo él
Si, extravagante por no ser corriente y de normal ocurrencia en la gente; me apasiona observar los defectos de la gente tales como la envidia, la vanidad, la lujuria y sobre todo la ambición;
-No lo puedo creer!!, -exclamo él- me parece escabroso y hasta morboso.
Le explique que sentía una inmensa curiosidad en descubrir por que las personas aparentaban ser felices con cosas superfluas, y al mismo tiempo ser inmensamente insatisfechos y tristes de alma.
-La gente lleva su vida y sus actividades, cada quien a su gusto y estilo, me dijo.
-Te comprendo- le dije
La conversión terminaba y solo pude decirle que no entendía como algo tan sencillo como es estar en paz y feliz necesitaba de recursos infinitos y, para colmo que nunca se alcanzan ni satisfacen.
Para mi, eso es algo tremebundamente llamativo; luego él añadió que le asombraba mucho el porque yo me asombraba tanto por algo tan vano y en ese momento no supe que decirle.
Después del juego se me acerca como para cambiar la rutina y descansar y, me ve sentado, tranquilo y casi en babia; supongo que en ese momento le pasa por su mente los gustos que él tiene y los que yo tengo; en fin, funciona lo humano, la comparación, la lógica menuda y las preguntas infantiles, que muchas veces son mas abismales que las adultas.
¿Qué es lo que mas te gusta hacer?, -pregunta él y con eso explota su curiosidad; después de un instante de tener la mente en blanco me vino algo espontáneo, quiero decir, no calculado y comencé a responderle, aunque en parte y no del todo. Me gusta ver los árboles, las flores, los ríos, los paisajes, la gente cuando camina, los niños jugando y los pájaros cuando van de un lado a otro y últimamente, también me gusta ver lo que hacen los perros en la calle. La expresión de su cara con mi respuesta, no se si fue de desconcierto, de asombro o de frustración.
¿Qué mas podía decirle en un instante pequeño de tiempo?; quizás pude haberle dicho cosas mas interesantes pero no me arrepiento de no haberle contado lo que realmente pensaba y me gustaba. Nunca olvide aquel momento.
El tiempo fue pasando y un buen día, como encantado, se repitieron de nuevo todas aquellas instancias, como por duplicado, pero con los protagonistas cambiados en edad; yo estaba madurado en algunas arrugas y él ya era un joven adulto o un adulto joven.
La inteligencia y la razón habían dejado atrás la estela de la candidez infantil y como por acción de magia, de nuevo me pregunto: ¿Qué es lo que mas te gusta hacer?; como aquella vez, se me nublo la mente por un instante y le respondí sin meditar nada: desde hace un buen tiempo y hasta ahora me apasiona y me gusta recrearme con un extravagante y estrambótico gusto;
-¿Extravagante?, dijo él
Si, extravagante por no ser corriente y de normal ocurrencia en la gente; me apasiona observar los defectos de la gente tales como la envidia, la vanidad, la lujuria y sobre todo la ambición;
-No lo puedo creer!!, -exclamo él- me parece escabroso y hasta morboso.
Le explique que sentía una inmensa curiosidad en descubrir por que las personas aparentaban ser felices con cosas superfluas, y al mismo tiempo ser inmensamente insatisfechos y tristes de alma.
-La gente lleva su vida y sus actividades, cada quien a su gusto y estilo, me dijo.
-Te comprendo- le dije
La conversión terminaba y solo pude decirle que no entendía como algo tan sencillo como es estar en paz y feliz necesitaba de recursos infinitos y, para colmo que nunca se alcanzan ni satisfacen.
Para mi, eso es algo tremebundamente llamativo; luego él añadió que le asombraba mucho el porque yo me asombraba tanto por algo tan vano y en ese momento no supe que decirle.
Amos y mascotas disimiles
Las atracciones inician la ceremonia y se acercan como dos imanes; los olfatos se buscan y revisan mientras los rabos vibran en creccendo de la incontrolada emoción; la ansiedad desesperada hace danzar ocho almohadillas. El amo repulsivo y el amo indiferente esperan pacientemente el encuentro de la atracción. Situación incomoda para uno y para el otro asunto de diversión.
Ignorantes de sus condiciones, el mugriento con empegostado pelambre greñudo acaricia al aristocrático y sedoso pelaje mientras al mismo tiempo dos miradas se entrecruzan; una, con asco visceral desgarraba el ambiente y la otra, llena de satisfecha felicidad por tan oportuna igualación.
El remolino de olores se alterna sobrepasándose uno con otro; agria pestilencia con delicias de aromas balsámicos se intercambian crispando el olfato del alcurnioso señor; finos linos y harapos deshilachados se acercan mas que nunca en esa ocasión; instante inexplicablemente impactante.
Lo encopetado y lo andrajoso se toparon fortuitamente por unos instantes; meneando sus rabos ellos se fueron satisfechos mientras que los orgullos dispares y disimiles se alejaron disimulando la tremenda emoción del encuentro.
Ignorantes de sus condiciones, el mugriento con empegostado pelambre greñudo acaricia al aristocrático y sedoso pelaje mientras al mismo tiempo dos miradas se entrecruzan; una, con asco visceral desgarraba el ambiente y la otra, llena de satisfecha felicidad por tan oportuna igualación.
El remolino de olores se alterna sobrepasándose uno con otro; agria pestilencia con delicias de aromas balsámicos se intercambian crispando el olfato del alcurnioso señor; finos linos y harapos deshilachados se acercan mas que nunca en esa ocasión; instante inexplicablemente impactante.
Lo encopetado y lo andrajoso se toparon fortuitamente por unos instantes; meneando sus rabos ellos se fueron satisfechos mientras que los orgullos dispares y disimiles se alejaron disimulando la tremenda emoción del encuentro.
martes, 2 de diciembre de 2008
Disgustada con la ciudad
Me moleste con el mundo, mejor dicho, con la ciudad donde vivo; soy capaz de echarle la culpa a todas las cosas que ella tiene, a sus edificios, a sus feas calles al tremebundo tráfico; no me importa si todas sus partes tienen o no la culpa. Lo siento, todo paga por ello porque es la mezcla de los recuerdos buenos y malos; de excrementos y delicados perfumes pasajeros, que tengo en mi cabeza. Si, estoy molesto y me aparto de ella como se apartan las manos de la brasa hiriente.
Ella me acorrala y acosa y ahora solo quiero verla de lejos, desde arriba, desde esta sosegada colina que emana soledad; la miro con desprecio, rencor y resentimiento.
Por allá van apresurados los lascivos ofensores, orgullosos con sus alocadas marchas.
Agresivos habitantes que deambulan en el lacerante caño de sus calles como pirañas hambrientas. Se lanzan prestos contra los más débiles utilizando las afiladas artimañas y artilugios.
La voluntad se desliza hábilmente por las calles y recónditos lugares y aunque la muchedumbre es aplastante, la soledad penetra entre sus almas angustiadas, como las sanguijuelas hambrientas hacia la sangre.
Todos van cargados dentro de si con el lodo burbujeante y fétido de sus ansiosas preocupaciones; de cada problema aflora una irascible reacción hostil o una hipócrita amabilidad que disfrazan a sus puntiagudas garras, listas para clavarlas en sus desprevenidas presas.
¿Cuánto tiempo puedo estar por aquí, apartado, en esta estimulante soledad tranquila?, no lo se, pero tarde o temprano tendré que bajar si quiero sobrevivir; el mundo esta diseñado así. Estoy condenado a no poder escapar de esa lucha sin fin que tanto los estimula a todos.
Algo me aclaro la mente, de repente, y comprendo lo que significa la fatalidad y la agonía de vivir; todo lo comprendo por ver todo desde aquí, desde lo apacible; me doy cuenta de la extraña relación que hay entre la futilidad por vivir y la languidez del alma atormentada. Me viene a la mente la imagen de las cabras. ¿Qué las impulsa a desafiar el escalofriante y mortífero abismo?.
La respuesta pasó por mi mente cual estrella fugaz repentina, dentro de mi oscuro cielo mental: lo que motiva y le da vida al espíritu son quimeras que solo soportan la levedad; y así muchos viven y pasan su estadía por el mundo, viviendo de quimeras.
Ella me acorrala y acosa y ahora solo quiero verla de lejos, desde arriba, desde esta sosegada colina que emana soledad; la miro con desprecio, rencor y resentimiento.
Por allá van apresurados los lascivos ofensores, orgullosos con sus alocadas marchas.
Agresivos habitantes que deambulan en el lacerante caño de sus calles como pirañas hambrientas. Se lanzan prestos contra los más débiles utilizando las afiladas artimañas y artilugios.
La voluntad se desliza hábilmente por las calles y recónditos lugares y aunque la muchedumbre es aplastante, la soledad penetra entre sus almas angustiadas, como las sanguijuelas hambrientas hacia la sangre.
Todos van cargados dentro de si con el lodo burbujeante y fétido de sus ansiosas preocupaciones; de cada problema aflora una irascible reacción hostil o una hipócrita amabilidad que disfrazan a sus puntiagudas garras, listas para clavarlas en sus desprevenidas presas.
¿Cuánto tiempo puedo estar por aquí, apartado, en esta estimulante soledad tranquila?, no lo se, pero tarde o temprano tendré que bajar si quiero sobrevivir; el mundo esta diseñado así. Estoy condenado a no poder escapar de esa lucha sin fin que tanto los estimula a todos.
Algo me aclaro la mente, de repente, y comprendo lo que significa la fatalidad y la agonía de vivir; todo lo comprendo por ver todo desde aquí, desde lo apacible; me doy cuenta de la extraña relación que hay entre la futilidad por vivir y la languidez del alma atormentada. Me viene a la mente la imagen de las cabras. ¿Qué las impulsa a desafiar el escalofriante y mortífero abismo?.
La respuesta pasó por mi mente cual estrella fugaz repentina, dentro de mi oscuro cielo mental: lo que motiva y le da vida al espíritu son quimeras que solo soportan la levedad; y así muchos viven y pasan su estadía por el mundo, viviendo de quimeras.
El portentoso y admirado señor
Esta historia personal que os contare me impresiono mucho, dada la magnificencia del personaje en cuestión.
Lo observe detenidamente muchas veces aunque nunca le conocí personalmente.
Él era de caminar elegante, lujoso y, llamativo en el vestir; de ademanes refinados y bien calculados; su hablar era comedido y aleccionador; de hablar más bien lento, parecía que calculaba y media muy bien lo que decía; sus palabras contenían siempre un alto contenido del ingrediente moral y ético. Su comportamiento era impecable y su actitud hacia la sociedad como la del buen padre que da magníficos consejos a sus hijos. Era un verdadero dechado de virtuosismo.
La gente le admiraba y, mal que bien le seguían los pasos.
En sus discursos públicos asentaba las bases de la ponderación y la conciliación entre partes dispares; por eso, siempre le llamaban en los actos públicos de importancia donde se requería su apoyo reconciliador para provocar, la deseada unión.
Todos prestaban atención cuando hablaba pues desbordaba respeto y admiración.
Era un verdadero ídolo pero no como los ídolos deportistas sino del ídolo del buen camino a seguir.
Dentro de mi mente, todo iba en este sentido de emular el correcto vivir; pero un buen día entro dentro de mí una gran desilusión por culpa de un detalle que descubrí y por ello me hice una portentosa reflexión.
¿Cómo seria realmente él sin su coraza del comportamiento público?
Averigüe que hablaba con las oscuras fuerzas del dinero y se entendía con ellas muy bien; lo de oscuro es simplemente por lo in entendible de los arreglos, por nada mas. De las evidencias no manifiestas nace el buen inferir.
Esas fuerzas no andan con muchos rodeos ni vacilaciones; son capaces de representar cualquier papel pero con estilo de desparpajo; al final, muchos interesados le seguirán como los roedores de Hamelin.
Él se reunía con esas fuerzas con gran disimulo aunque había plena justificación, para él; el iba directo a sus intereses y hacia ver lo necesario de los acercamientos y de la buena relación por el bien de todos.
La desilusión carcomía las aporreadas fibras de mi alma pero ví la indigesta realidad, la que muchos no quisieron ver.
Con el tiempo comprendí que no debía sentir tal desilusión pues la vida es como es y lo mío era pura ilusión. No debo negar que a partir de ahí nacieron en mi poderosas reflexiones.
¿Cuál es el verdadero orden de prioridad e importancia entre Dios, los principios, la dignidad, las virtudes, las buenas costumbres y el amor por el dinero?
¿Existe el verdadero orgullo de poseer virtudes?; quizás nunca existió el orgullo en algunos porque nunca tuvieron virtudes; de seguro este detalle es el que da libertad para actuar como tal.
Cuando el gran personaje falla por flaquez todo esta perdido. ¿Perdido para quien?, me preguntaría él; yo he ganado y tu has perdido, volvería a responder él. ¿Qué podría responderle yo?.
A estas alturas creo ver con claridad cual es el orden de prioridad e importancia real; el orden fingido que mas da, si al fin y al cabo no es verdadero ni real; es una simple excusa para lograr.
Veo que el dinero es más fuerte e importante que Dios y todas las virtudes juntas. ¿Quién se atreve a dudar de esto, cuando en muchos se sostiene así?
No hay dignidad que soporte la fuerza del dinero; todo se doblega; pero, pensándolo bien corrijo: por eso no hay dignidad, para poder obrar con entera libertad y sin remordimientos que mascar.
Para los que quieran acercarse a la virtud:
El espejo no brilla por pulir sobre lo sucio sino eliminando lo sucio que sobre él esta.
Lo observe detenidamente muchas veces aunque nunca le conocí personalmente.
Él era de caminar elegante, lujoso y, llamativo en el vestir; de ademanes refinados y bien calculados; su hablar era comedido y aleccionador; de hablar más bien lento, parecía que calculaba y media muy bien lo que decía; sus palabras contenían siempre un alto contenido del ingrediente moral y ético. Su comportamiento era impecable y su actitud hacia la sociedad como la del buen padre que da magníficos consejos a sus hijos. Era un verdadero dechado de virtuosismo.
La gente le admiraba y, mal que bien le seguían los pasos.
En sus discursos públicos asentaba las bases de la ponderación y la conciliación entre partes dispares; por eso, siempre le llamaban en los actos públicos de importancia donde se requería su apoyo reconciliador para provocar, la deseada unión.
Todos prestaban atención cuando hablaba pues desbordaba respeto y admiración.
Era un verdadero ídolo pero no como los ídolos deportistas sino del ídolo del buen camino a seguir.
Dentro de mi mente, todo iba en este sentido de emular el correcto vivir; pero un buen día entro dentro de mí una gran desilusión por culpa de un detalle que descubrí y por ello me hice una portentosa reflexión.
¿Cómo seria realmente él sin su coraza del comportamiento público?
Averigüe que hablaba con las oscuras fuerzas del dinero y se entendía con ellas muy bien; lo de oscuro es simplemente por lo in entendible de los arreglos, por nada mas. De las evidencias no manifiestas nace el buen inferir.
Esas fuerzas no andan con muchos rodeos ni vacilaciones; son capaces de representar cualquier papel pero con estilo de desparpajo; al final, muchos interesados le seguirán como los roedores de Hamelin.
Él se reunía con esas fuerzas con gran disimulo aunque había plena justificación, para él; el iba directo a sus intereses y hacia ver lo necesario de los acercamientos y de la buena relación por el bien de todos.
La desilusión carcomía las aporreadas fibras de mi alma pero ví la indigesta realidad, la que muchos no quisieron ver.
Con el tiempo comprendí que no debía sentir tal desilusión pues la vida es como es y lo mío era pura ilusión. No debo negar que a partir de ahí nacieron en mi poderosas reflexiones.
¿Cuál es el verdadero orden de prioridad e importancia entre Dios, los principios, la dignidad, las virtudes, las buenas costumbres y el amor por el dinero?
¿Existe el verdadero orgullo de poseer virtudes?; quizás nunca existió el orgullo en algunos porque nunca tuvieron virtudes; de seguro este detalle es el que da libertad para actuar como tal.
Cuando el gran personaje falla por flaquez todo esta perdido. ¿Perdido para quien?, me preguntaría él; yo he ganado y tu has perdido, volvería a responder él. ¿Qué podría responderle yo?.
A estas alturas creo ver con claridad cual es el orden de prioridad e importancia real; el orden fingido que mas da, si al fin y al cabo no es verdadero ni real; es una simple excusa para lograr.
Veo que el dinero es más fuerte e importante que Dios y todas las virtudes juntas. ¿Quién se atreve a dudar de esto, cuando en muchos se sostiene así?
No hay dignidad que soporte la fuerza del dinero; todo se doblega; pero, pensándolo bien corrijo: por eso no hay dignidad, para poder obrar con entera libertad y sin remordimientos que mascar.
Para los que quieran acercarse a la virtud:
El espejo no brilla por pulir sobre lo sucio sino eliminando lo sucio que sobre él esta.
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