lunes, 13 de agosto de 2012

EL FIN Y LOS MEDIOS


Para llegar o lograr una meta son necesarios los medios. Esto implica,  esencialmente que la meta es más importante que los medios, por lo menos en teoría. Los medios son instrumentos para lograr un buen fin.

Pero, ¿Qué es un buen fin?

Es aquí donde entramos en un relativismo abismal. Aquí interviene la buena fe, la moral, la costumbre, la cultura, la ideología, la religión y en general todo posicionamiento del condicionamiento mental humano. Muy pocas personas en el mundo pueden ver la verdad sin estar condicionados.

Si yo soy un buen padre de familia, mi meta es procurar a culminar los estudios de mis hijos, proveerles de buena alimentación y de buenas condiciones sanitarias, además de vestirles, darles vivienda adecuada y todo hasta donde se pueda mediante los medios que estén a mi alcance: el trabajo.

Si yo soy un guerrillero y estoy convencido de mi ideología, los medios para lograr mi meta ideológica podrán ser el asesinato, la violencia, el caos y la destrucción. El guerrillero está convencido que la verdad es suya y que la razón está de su parte; el remordimiento no existe y solo hay la satisfacción de los medios ejercidos.

Si yo soy un político llamado socialista, popular o lo que sea, mi meta o fin ficticio es ayudar al pueblo pero mi meta verdadera es velar por los intereses de los grupos económicos poderosos, en especial la banca; si yo los ayudo a ellos, me estoy procurando ingentes beneficios para mi. Seamos claros, ellos están en el poder por la imposición de los poderosos (no por la voluntad popular). Los poderosos los van cultivando durante muchos años.

Como buenos políticos, ellos utilizan como medio para sus fines al consabido pueblo al cual lo marean e hipnotizan con hermosos discursos llenos de esperanza y promesas (que nunca cumplen). El pueblo siempre cree en ellos y ellos los apoyan para llegar al poder, en el sistema llamado “democrático”. La parte realmente importante es la financiera. Para llegar al poder es necesaria la ayuda económica, que proviene precisamente de esos grupos, incluyendo la banca.

Detalle curioso: el pueblo o colectivo siempre es maniqueista y no entiende de selecciones o soluciones intermedias a conveniencia: o es el popular o es el socialista.

El resultado final de este pequeño planteamiento es que los políticos imponen sus delegados en las cajas de ahorro, estas dan créditos inmobiliarios a constructoras y promotoras sin solidez financiera; colocan dineros de fondos públicos y de personas comunes en inversiones muy riesgosas en otros países; cuando la solvencia se desmorona, entra la crisis. Este es el momento en el cual se definen claramente la meta, el fin y los medios; todo queda al descubierto, flotando sobre un mar de malestar, descontento, frustración e ira.

Para los políticos el fin es la banca y los medios son el sacrificio de la sociedad de clase media y baja.

Los políticos realmente honestos deberían de dejarse de nombramientos en lugares financieros (cajas de ahorro) y su verdadera labor debería ser vigilar a los organismos y entes auditores y calificadores; pero, ¿quién califica al calificador?, ¿quién audita al auditor?.  En estos momentos no hay quien vigile nada de manera útil para el colectivo; esto es como poner a un lobo a cuidar ovejas. Lamentablemente, los políticos son marionetas de los poderosos y utilizan como medio para sus fines, al pueblo.

Los políticos que ayudan a la banca antes que al pueblo, en sus necesidades esenciales, son simplemente villanos.


2 comentarios:

emejota dijo...

Esto es así y duele, deseo pensar que hay excepciones honrosas, aunque no necesariamente sabias ni inteligentes. Me consuela pensar que la meta de la vida para tantos no consiste en mejorar ni en alcanzar ni la perfección sino en vivir su deseo/realidad con un ego cada vez más manifiesto.
Si lo se, definitivamente no andaba errada de pequeña, este no es mi mundo, pero si permanezco en el...... ¡he ahí el dilema! solo queda luchar por una utopía, por un imposible. Bs.

John Doe dijo...

El camino al infierno se encuentra pavimentado de buenas intenciones.