Me ha entrado una confusión muy grande con el alcance de la madurez y responsabilidad humana. Son dos palabras que no deberían utilizarse para calificar a los humanos en vista de la confusión que implica y lo que pueden esconder estos dos términos calificativos.
La confusión se resume en cuanto a las acciones que ejerce un individuo, independientemente de su edad, y las consecuencias que produce sobre otros individuos y/o el medio ambiente (en el sentido más amplio posible).
De manera prácticamente absoluta estas palabras se utilizan para referirse a gente joven, pues se da por sentado (está implícito) que los todos los adultos son maduros en cuanto a su comportamiento y acciones y, son bastante responsables.
Muchas veces me pregunto: Quién es más responsable: ¿un adolescente o un adulto?; con las premisas que yo manejo, concluyo que es el adolescente. Muchos adultos, desde aquellos que manejan un mediano nivel de poder hasta aquellos que están en elevadas altitudes de las decisiones delicadas, ejercen acciones que causan daños de todo tipo y magnitud sobre la sociedad y el medio ambiente; no quiero entrar en detalles sobre todos los ámbitos que incluye el poder (política, medios de comunicación social, empresas, profesionales y otros tantos mas); por supuesto que existen adultos que teniendo grandes niveles en la toma de decisiones, no causan perjuicios a los demás ni al medio ambiente y estos son para mí, seres humanos verdaderamente responsables y maduros.
¿Cómo actuaria un adolescente si se le diese la oportunidad de ser presidente de una gran potencia? ; ¿Cómo serían sus decisiones en el ámbito militar y económico?, ¿cómo actuaría frente a los compromisos con transnacionales de la industria farmacéutica, alimenticia, nuclear, armamento e industrias de alto riesgo (fabricación de pesticidas, contaminantes ambientales y muchas otras)? ; es difícil saberlo debido a que en épocas modernas no se ha dado este caso (aunque si en épocas lejanas de la historia). En el supuesto que se haga este ensayo y el referido adolescente cometiese barbaridades habría que concluir que sería un mal genético padecido por algunos humanos.
Me llama mucho la atención las acciones escandalosas que en unas épocas de la juventud cometen algunos individuos y otros no.
Uno de los grandes requisitos para ser realmente responsable y maduro es el no dejarse influir por los demás ni por las tentaciones personales; estoy excluyendo en estas consideraciones a la ignorancia que pueda tener el adolescente.
Filosofía desde un espacio mental vacío: sin contenido alguno de condicionamientos (de ningún tipo); ni religiosos, ni nacionalistas, ni políticos, ni doctrinarios, ni ideológicos, ni de ninguna corriente filosófica. Una visión a la capa más profunda del ser humano: el ego, el miedo y el placer y, sus consecuencias y proyecciones en el desenvolvimiento de las personas y la sociedad. Nuestras idealizaciones nos separan brutalmente de la realidad.
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viernes, 17 de julio de 2009
jueves, 27 de noviembre de 2008
La mente cambia con el tiempo
La mente cambia con el tiempo y eso hace que la vida sea sorprendente; como se ve el mundo cuando se es muy niño o cuando se es joven y, como se ve a edades bien recorridas, algo así como en la ronda de los 60; la recta final y reflexiva sobre la extinción.
La mente cambia con el tiempo pero hay tendencias de la mente que no cambian nunca y seguiremos creyendo en ellas el resto de la vida, con la misma fuerza que creíamos cuando fuimos niños; son los condicionamientos más fuertes que puede tener un ser humano; y también, los mas peligrosos y destructivos. Cuando era niño creía en San Nicolás, ahora que soy adulto creo en Dios y soy capaz de hacer lo que sea por él.
Veo el transcurrir de la vida como escalar una montaña; cuando la vida lleva poca trayectoria recorrida uno esta en una honda sima viendo hacia arriba, por remontar; la vida se hace eterna porque uno no piensa que hay un final; al no pensar en el final, el tiempo se extingue, por lo menos para el saldo de vida que queda; es la época de fuertes ilusiones, de metas, de las grandes motivaciones y barreras que vencer; el tiempo se ve suficiente y alargado, a medida que nos hacemos mayores; cuando el trayecto de la vida es avanzado uno se siente que prácticamente ha llegado a la cima y poco o mucho importa como se ha llegado. A estas alturas de la vida la visión cambia radicalmente. No es lo mismo ver de abajo hacia arriba que de arriba hacia abajo; queda poco por escalar y es cuestión de ley de vida; quien no lo entiende así es un iluso y pierde la vida atento a las puntualidades de sus gustos y deseos; muchos lo defenderán y dirán que hizo lo que mas le atraía, llenaba y gustaba; en realidad no hay nada cuestionable en ello; la autodeterminación es una forma de libertad relativa; los esclavos dentro de sus predios no se planteaban ni imaginaban otra forma de vida, aunque si la hubiesen probado, quizás hubieran dicho que saborearon el cielo.
Las metas son las causantes de las distorsiones de la vida individual; y me refiero a la visión de metas; a la tendencia de uno de llegar a algo y de llegar a ser algo, a costa de lo que sea y de cualquier modo o manera; ahí esta la distorsión; dejar de vivir por haber creído vivir de una manera no es cuestionable aunque pueda llegar a ser un desperdicio a los ojos ajenos.
Alguien se realiza llegando a ser el mejor escalador de montaña y otro se realiza llegando a ser el mejor escritor. Ambos serán individuos pasajeros en la autopista de la vida y ambos en mayor o menor grado serán olvidados aunque se les rindan honores y aparezcan en los libros. Lo más sorprendente es que en mayor o menor grado no queremos ser olvidados y deseamos lo permanente y eterno.
La mente cambia con el tiempo y ese constante cambio sin ningún punto de referencia ni una traza de permanencia es lo que hace pensar en la impermanencia de uno; por eso la mente pocas veces piensa en ello; ¿es realmente astuta al no pensar en ello?; para algunos es un mecanismo de defensa frente a la pesada vaciedad que es la puerta de entrada a la dimensión de la angustia y la ansiedad. Así como hay que saber masticar para poder digerir bien y no tener pesadez, hay que saber estar atento a la impermanencia, a lo pasajero y a la insignificancia; es la única manera de digerir la vida con satisfacción.
La mente cambia con el tiempo pero hay tendencias de la mente que no cambian nunca y seguiremos creyendo en ellas el resto de la vida, con la misma fuerza que creíamos cuando fuimos niños; son los condicionamientos más fuertes que puede tener un ser humano; y también, los mas peligrosos y destructivos. Cuando era niño creía en San Nicolás, ahora que soy adulto creo en Dios y soy capaz de hacer lo que sea por él.
Veo el transcurrir de la vida como escalar una montaña; cuando la vida lleva poca trayectoria recorrida uno esta en una honda sima viendo hacia arriba, por remontar; la vida se hace eterna porque uno no piensa que hay un final; al no pensar en el final, el tiempo se extingue, por lo menos para el saldo de vida que queda; es la época de fuertes ilusiones, de metas, de las grandes motivaciones y barreras que vencer; el tiempo se ve suficiente y alargado, a medida que nos hacemos mayores; cuando el trayecto de la vida es avanzado uno se siente que prácticamente ha llegado a la cima y poco o mucho importa como se ha llegado. A estas alturas de la vida la visión cambia radicalmente. No es lo mismo ver de abajo hacia arriba que de arriba hacia abajo; queda poco por escalar y es cuestión de ley de vida; quien no lo entiende así es un iluso y pierde la vida atento a las puntualidades de sus gustos y deseos; muchos lo defenderán y dirán que hizo lo que mas le atraía, llenaba y gustaba; en realidad no hay nada cuestionable en ello; la autodeterminación es una forma de libertad relativa; los esclavos dentro de sus predios no se planteaban ni imaginaban otra forma de vida, aunque si la hubiesen probado, quizás hubieran dicho que saborearon el cielo.
Las metas son las causantes de las distorsiones de la vida individual; y me refiero a la visión de metas; a la tendencia de uno de llegar a algo y de llegar a ser algo, a costa de lo que sea y de cualquier modo o manera; ahí esta la distorsión; dejar de vivir por haber creído vivir de una manera no es cuestionable aunque pueda llegar a ser un desperdicio a los ojos ajenos.
Alguien se realiza llegando a ser el mejor escalador de montaña y otro se realiza llegando a ser el mejor escritor. Ambos serán individuos pasajeros en la autopista de la vida y ambos en mayor o menor grado serán olvidados aunque se les rindan honores y aparezcan en los libros. Lo más sorprendente es que en mayor o menor grado no queremos ser olvidados y deseamos lo permanente y eterno.
La mente cambia con el tiempo y ese constante cambio sin ningún punto de referencia ni una traza de permanencia es lo que hace pensar en la impermanencia de uno; por eso la mente pocas veces piensa en ello; ¿es realmente astuta al no pensar en ello?; para algunos es un mecanismo de defensa frente a la pesada vaciedad que es la puerta de entrada a la dimensión de la angustia y la ansiedad. Así como hay que saber masticar para poder digerir bien y no tener pesadez, hay que saber estar atento a la impermanencia, a lo pasajero y a la insignificancia; es la única manera de digerir la vida con satisfacción.
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